¿Qué es una COMUNIDAD CARISMÁTICA?
El que cada grupo de oración carismático se reúna un día a la semana para la
oración hace que sus miembros aprendan a conocerse, amarse y aceptarse. Sienten
que el Señor los ha puesto juntos para caminar en el Espíritu.
Pero hay otros muchos momentos de la vida del grupo que también
contribuyen a estrechar cada vez más los lazos fraternales y a vivir el
compromiso de unos para con otros: los días de convivencia, los retiros, las
celebraciones de la eucaristía, de la reconciliación, el sufrimiento o la alegría
de cualquier hermano y que todos han de compartir.
Todo esto va llevando al grupo, por la acción del Espíritu, hacia una cohesión
o compenetración constante en una marcha hacia la comunidad. Cada grupo
está llamado a crecer y progresar de forma que un día surja de su seno una
comunidad con aquellos hermanos que más se sientan llamados.
Al cabo de ciertas etapas y no pocas dificultades se puede llegar a la
comunidad carismática, la cual no tiene límite en cuanto a los miembros que
acepta.
Hay comunidades en el mundo que tienen cientos o incluso miles de miembros.
Cuando la comunidad llega a crecer tanto puede estar integrada por otras subcomunidades.
Dentro de la gran comunidad surgen diversas funciones. Los servidores son
los responsables, y son elegidos de entre aquellos que pertenecen plenamente
a la Comunidad. El equipo de servidores es el responsable del funcionamiento de las
pequeñas fraternidades a las que ayudan en sus comienzos y aseguran su
crecimiento espiritual.
Este es un esquema frecuente de comunidades carismáticas. Sin embargo otras
comunidades tienen otra organización de acuerdo con su propio carisma y
llamada. Dentro de cada comunidad puede haber gran variedad de
compromisos, de forma de compartir bienes y de formas de convivencia. Hay
quienes comparten todos sus bienes y hay quien entrega una parte.
Es el Espíritu, no la organización, lo que impulsa y dirige el desarrollo de cada
comunidad. Las estructuras, y solamente las imprescindibles, están al servicio
de este proceso, por lo que la comunidad no es una organización, sino un
organismo, un cuerpo vivo de hermanos en el que se manifiesta el Cuerpo de
Cristo.
Lo que más distingue a las comunidades de la R.C.C. de aquellas que no lo son
quizá lo podamos condensar en las siguientes notas:
1) En la importancia que se da a la acción del Espíritu Santo, para escuchar
sus inspiraciones y dejarse llevar por su acción, por lo cual es normal que se
manifiesten los mismos fenómenos carismáticos que nos describen el Libro de los
Hechos y las Epístolas: profecía, conocimiento íntimo de la Palabra de Dios, fe
que traslada montañas, curaciones, etc.
2) En la conciencia que viven sus
miembros de que han sido dados por Dios el uno para el otro y reunidos
por El para formar su Cuerpo, dar testimonio colectivo y evangelizar.
De aquí la importancia que tiene en estas comunidades el carisma del Amor,
como don del Espíritu, que madura y crece entre sus miembros a través de la
transparencia, el servicio, el sometimiento y la obediencia, la corrección
fraterna, todo lo cual no es posible sino mediante un compromiso profundo
con el Señor y una vida sólida de oración.
Todas estas comunidades sienten la necesidad de evangelizar, y así han
surgido ya varias formas de evangelización. Hay comunidades que salen
asiduamente cada semana por las calles y plazas en grupos a evangelizar.
"La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma.
Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo era en común entre ellos".
Hch 4, 32
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