FRUTOS QUE PRODUCE LA
RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA

"Todo árbol bueno de frutos buenos", dijo Jesús (Mat. 7,17).

La Renovación ha demostrado que es un árbol bueno por los excelentes Frutos que produce cuando es auténtica y profunda.

Entre los principales podemos enumerar los siguientes:

1. El descubrimiento de la Persona viviente de Jesús, reconocido como Hijo único de Dios, con el cual el cristiano entra en relación personal como Salvador, Señor y Mediador cerca del Padre.

Puesto que el Espíritu Santo nos ha sido prometido para revelarnos a Jesús y llevarnos a la plenitud de la Verdad, este descubrimiento de Jesús en profundidad responde a la promesa misma del Maestro".

"Tomamos así conciencia de que el cristianismo es un encuentro una identificación con Cristo resucitado, vivo que ha pasado por la cruz y la muerte".

2. El gusto por una oración profunda, personal y comunitaria.

(Pablo VI). Sin duda el fruto más palpable de esta Renovación es "el haber devuelto al hombre de hoy el gusto por lo espiritual y despertar un gran amor a la oración en todas sus formas" (Pablo VI).

Los grupos de oración se multiplican por todas partes y en toda clase de personas.

3. Crece el aprecio por la oración litúrgica y especialmente por la Eucaristía, mientras todos aquellos que han tenido su encuentro con Jesús resucitado y han experimentado su amor redentor, sienten la necesidad de buscarlo en la oración personal y en la contemplación.

Y sabemos cuántas son las riquezas espirituales que se derivan de la oración.

La consigna de san Pablo a los Efesios de "orar en toda ocasión en el espíritu" (Ef. 6,18) es seguida hoy por un número creciente de personas, que bajo la guís de este Espíritu de amor van progresando en el diálogo con Dios y van recibiendo la experiencia de su amor.

4. Amor a la Palabra de Dios.

El Espíritu Santo, autor de las Sagradas escrituras y bajo cuya inspiración fueron escritas, da un gran amor a esta divina Palabra a quienes lo reciben y se dejan conducir por El.

Este amor a la Palabra de Dios es cada día mayor en los grupos de renovación y va produciendo en sus miembros "la ciencia suprema de Jesucristo" (Fil. 3,18).

"Los obispos, como transmisores de la doctrina apostólica, debemos instruir a nuestros fieles en el uso de los Libros Sagrados" (D.V. N0.25) para que, sin errores, esta Palabra del Señor y "acompañada de la oración realice el diálogo de Dios con el hombre, pues a Dios hablamos cuando oramos, y a Dios escuchamos cuando leemos sus Palabras" (Ib.).

5. Conversión y santificación

La apertura a la presencia y a la acción del Espíritu santo produce la verdadera conversión o metanoia, a Cristo y a su Evangelio y un afán constante por adquirir la santidad a la cual estamos llamados todos desde el bautismo.

Tiene así cumplimiento las palabras del Señor por boca de Ezequiel: "Os rociaré con agua pura y quedaréis purificado; de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas. Habitaréis la tierra que yo di a vuestros padres. Vosotros sereis mi pueblo y yo seré vuestro Dios". (Ez. 36,25-29).

Como lo ha dicho el Concilio: "Consumada la obra que el Padres encomendó realizar al Hijo sobre la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés a fin de santificar indefinidamente la Iglesia". (L.G. No.4).

Este fruto de conversión profunda y de santificación está apareciendo en todos los medios que van siendo animados por la Renovación Espiritual. Y cómo desearnos que llegue a todos nosotros, a nuestros sacerdotes, religiosos y fieles.

6. "Una amplia abnegación fraterna" (Pablo VI)

El Espíritu santo que es el Amor en la trinidad y cuya misión es unir personas, derrama el amor fraterno en los corazones, despierta el deseo sincero de servicio y forma la verdadera comunidad en la que todos tienen "un solo corazón y una sola alma" (Hch. 4,32).

Es así como vemos surgir en la Renovación comunidades de distinta índole con gran beneficio para sus miembros y para la Sociedad hacia la cual se proyectan.

Es verdad que algunos grupos de la Renovación han carecido de compromiso social y se han encerrado en un espiritualismo excluyente, pero estos constituyen una excepción, mientras aquellos que han abrazado la Renovación con seriedad y madurez han sido de su integral y liberación cristiana al mayor número de hermanos.

Son muchos los grupos de oración ricos en fraternidad y en comunión interpersonal que están abiertos a las angustias de los más necesitados y que sirven a Cristo en el hermano con verdadera caridad. Iniciativas y realizaciones de esta índole aparecen cada vez numerosas en diversas partes.

7. Cambio progresivo

En esta época tan marcada por el edonismo cobran una fuerza especial las palabras de San Pablo: "Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcaís vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual. Y nos acomodéis al mundo presente, antes bien transformáos mediante la renovación de vuestra mente". (Rom. 12, 1-3). El Espíritu santo va realizando esta renovación de criterios y de conducta en quienes se dejan poseer y conducir por El.

Solamente su gracia puede cambiar al hombre carnal en hombre espiritual y llevarnos a "despojarnos del hombre viejo que se corrompe siguiendo las concupiscencias, a renovar el espíritu de nuestra mente, y a revestirnos del Hombre Nuevo, creado según Dios, en la justicia y santidad de la verdad". (Ef. 4, 22-25).

Sólo el Espíritu Santo puede cambiar el corazón de piedra por el corazón de carne (Ez. 36,26) y sanar las relaciones interpersonales en las familias y en todas las Comunidades.

8. Aumento de vocaciones

Un hecho, cada día más palpable, es el aumento de vocaciones por el Sacerdocio para la vida religiosa en aquellos países donde han aparecido los distintos movimientos espirituales.

Esta floración vocacional es uno de los mejores y más prometedores frutos de la Renovación Espiritual. Siendo como es verdad que el espíritu misionero brota de la más genuina experiencia de Dios cabe esperar que otro fruto de la Renovación sea el aporte generoso que muchas de nuestras iglesias locales puedan prestar a sus hermanos y que de esa manera, bajo el soplo del Espíritu se pueda convertir en realidad el anhelo de Puebla de "proyectos más allá de las fronteras "ad gentes y de dar nuestra pobreza" (No. 368).

9. Devoción mariana

La verdadera Renovación no deja a un lado a la Virgen María, como lo afirman algunos, sino que, al contrario, fomenta un amor filial a la Madre de Dios y de la Iglesia, y busca rendirle el culto verdadero.

Y para que en los grupos de Renovación crezca el verdadero amor a la santisima Virgen les recomendamos meditar en estas hermosas palabras de Pablo VI: "Fue el Espíritu santo quien, llenado de gracia la persona de María en el primer instante de su concepción, la redimió de modo méritos de Cristo salvador del género humano, haciéndola por consiguiente inmaculada (Cf. Pío IX Bula Ineffabilis Deus, XII-8-54; D.S. 2803); fue el Espíritu santo quien, viniendo sobre Ella, le inspiró el asentimiento prestado en nombre del género humano a la concepción virginal del Hijo del Altísimo y fecundó su seno para que diera a la luz al Salvador de su pueblo, soberano de un reino imperecedero (Cf. Lc. 1, 35-48); fue también el Espíritu Santo quién enardeció su alma de jubilo y de reconocimiento, estimulándola así a entonar a Dios, su Salvador, el cántico de Magníficat (Cf. Lc. 1, 45-5); fue igualmente el Espíritu Santo quien sugirióa la Virgen el buen consejo de guardar fielmente en su corazón el recuerdo de las palabras y de los hechos referentes al nacimiento y a la infancia de su Unigénito, en los que Ella había tenido parte tan íntima y amorosa (Cf. Lc. 2,19; 33,51) quien impulsó a María a solicitar amablemente a su Hijo el prodigio de la conversión del agua en vino en las bodas de Caná, con el cual comenzó Jesús su actividad taumatúrgica, provocando la fe de sus discípulos (Cf. Jn. 2,11); fue igualmente el Espíritu Santo quién dio ánimos al a Madre de Jesús, presente al pie de la Cruz, inspirándole, como antes en la Anunciación, el Fiat a la voluntad del Padre Celestial, que la quería maternalmente asociada al sacrificio del Hijo, para la redención del género humano (Jn. 19,25); fue también el Espíritu Santo quien dilató con caridad inmensa, el corazón de la Madre dolorosa, para que recibiese de los labios del Hijo, como su postrer testamento, la misión de Madre para con el discípulo preferido, Juan (Cf. Jn. 19, 26-27), que prefiguraba, "según el sentir perenne de la Iglesia" (León XIII, Enc. Adiutricem populi: IX –5-95; Acta Leonis XIII, Vol. XV, pág. 302), su maternidad espiritual a favor de la humanidad entera; fue una vez más el Espíritu Santo quien elevó a María, en alas de la caridad más ferviente, al papel de orante por excelencia en el Cenáculo, donde los discípulos de Jesús, "perseveraban todos unánimes en la oración, con algunas mujeres y con María la Madre de Jesús" (Hch. 1,14) en espera del Paráclito prometido; fue finalmente el Espíritu Santo quien, ardiendo con fuego supremo en el alma de María peregrina en la tierra, la hizo ansiosísima de reunirse con el Hijo glorioso, predisponiéndole a conseguir dignamente, como remate de sus privilegios, el de la Asunción en cuerpo y alma a los cielos, según la definición dogmatica". (Mayo 13 de 1975).

10. Aprecio por la vida sacramental

La verdadera Renovación espiritual Católica a un aprecio mayor por la vida Sacramental y por toda la celebración litúrgica : "por ser ésta obra de Cristo Sacerdote y de su Cuerpo que es la Iglesia" (S.C. No. 7).

El mismo Concilio nos dice que el cielo por la Liturgia es "el paso del Espíritu Santo por su Iglesia" (S.C. No.43). Y, por eso, cuando este Espíritu anima la vida espiritual suscrita aprecio por los sacramentos y edificarnos como su Cuerpo Místico (Cf. S.C. No.59).

Es así como vemos el amor que los grupos de Renovación tienen al sacrificio Eucarístico, "Sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual en el cual se recibe como alimento a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera". (S.C. No.47).

La alegría y el fervor que acompañan a estas celebraciones Sacramentales son don y fruto de Espíritu del Señor que "habita en el corazón de los fieles como en un templo y en ellos ora" (L.G. 4).

11. Fuerza evangelizadora de la Renovación

Después de haber tenido el encuentro personal con Cristo vivo y convertidos por el Espíritu Santo a una vida nueva, los fieles comienzan a sentir un verdadero y poderoso anhelo de evangelizar y de llevar la Buena Nueva de la Salvación integral de Cristo a los demás.

Así se consigue : "El gran ministerio o servicio que la Iglesia presta al mundo es la evangelización (ofrecida con hechos y palabras), la Buena nueva de que el Reino de Dios llega a los hombres en Jesucristo". (No.679). También podemos enumerar como frutos de esta Renovación.Una vinculación más estrecha y viva entre los Pastores y la grey Una mayor apreciación de la auténtica santidad. Una progresiva purificación de la religiosidad popular. Y una revitalización de las auténticas comunidades eclesiales de Base.