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La Renovación Carismática Católica es una de las tantas
bendiciones dadas por Dios a la Iglesia en respuesta a la oración del
Papa Juan XXIII, y es el Espíritu Santo el principal motor. La Renovación
aparece como un acontecimiento posterior al Concilio Vaticano II, pero
vinculado al Concilio mismo.
En el otoño de 1966 un grupo de estudiantes y profesores de la
Universidad de Duquesne en Pittsburg (Pensilvania, Estados Unidos)
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tuvieron la inquietud interior de que algo faltaba en su vida cristiana
personal, aunque no podían especificar el por qué. Cada uno de ellos
reconoció que había cierto vacío, una falta de dinamismo, una debilidad
espiritual en sus oraciones y actividades. Conscientes de que la fuerza
de la comunidad crsitiana primitiva llegó con la venida del Espíritu
Santo en Pentecostés, empezaron a orar para que el Divino Espíritu
manifestara en ellos su presencia.
Ya en 1967 comenzaron a pedir en oración que el Espíritu Santo les
concediera una renovación y que el vacío (que sus esfuerzos humanos
habían dejado) fuese llenado de la vida poderosa del Señor Resucitado.
La respuesta no se hizo esperar, ante todo experimentaron un profundo
cambio interior, fueron hechos "hombres nuevos", pero también recibieron
carismas del Espíritu Santo para dar testimonio de Jesús resucitado en
el mundo actual.
En ese mismo año la acción del Espíritu Santo alcanzó a los estudiantes
católicos de otras universidades, empezando por Notre Dame (Indiana) y
Ann Arbor (Michigan). Posteriormente, la Renovación Carismática se ha
extendido por todo el mundo a un ritmo asombroso. Actualmente son
millones de personas las que han vivido esta experiencia.
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